Bookmarking social
Conserva y comparte la dirección de reikiare en tu sitio social bookmarking
Diciembre 2016
LunMarMiérJueVieSábDom
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031 

Calendario Calendario


HAY QUE PRESTAR ATENCIÓN A "EL MOMENTO"

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

HAY QUE PRESTAR ATENCIÓN A "EL MOMENTO"

Mensaje por francisco de sales el Vie Nov 30, 2012 10:32 pm

HAY QUE PRESTAR ATENCIÓN A “EL MOMENTO”.








Nos pasa a todas las personas y en muchas ocasiones. Muchas
más de las que nos podamos imaginar.





Nos pasa que pasamos por situaciones o circunstancias que
son irrepetibles, que tienen “su” momento. Y es entonces, y sólo entonces, cuando
es “El Momento”.





Son momentos realmente importantes. Son los que aportan más
milagro y maravilla a la vida, porque son especiales, porque no son los
rutinarios, sino que llevan un encanto especial. Llevan algo que te hace parar
en lo cotidiano de la vida y descubrir su magia.





Conviene estar muy atentos a cuando suceden, y no permitir,
bajo ningún concepto, que se extingan sin vivirlos plenamente, con toda la
intensidad, por ese regalo tan divino, humano y emocional que conllevan.





Y a mí aún me pasa una y otra vez, aunque ya no tan a
menudo.





Me pasa que, en algunas ocasiones, me doy cuenta de “El Momento”
cuando ya es tarde, cuando es irrecuperable.





Ya he escrito en varias ocasiones que cuando doy una ayuda a
un mendigo en la calle, me marcho corriendo del lugar –como si le hubiera
robado en vez de darle- y cada vez pienso que quizás necesitara, además del
dinero, un poco de conversación, el calor de una sonrisa, o una mirada de
comprensión y aliento.





Me ha vuelto a pasar, aunque esta vez sólo un poquito, en la
India.





Una niña de no más de ocho o nueve años, mendigaba –como
miles de ellas- con un niño, de cuatro o cinco, cargado sobre su cadera.





Me había propuesto en este viaje –por duras experiencias del
anterior- no dar a nadie, no dejarme alterar por el sufrimiento, por la
miseria, por las caras de hambre, por las miradas teñidas de dolor, y confiar
en la razón que te dan cuando llegas allí: “El país estaba así antes de que tú
llegaras y seguirá igual cuando te marches. No vas a cambiar nada. Nada va a
cambiar”.





Pero esta niña, que mendigaba como todas las demás, exhibía
una sonrisa que no encajaba con su
situación: tan pequeña y mendigando, con ese presente y ese porvenir tan duros,
con su hermano cargado durante todo el día… y sonreía.





Le decía, una y otra vez, que no le iba a dar el “money,
money”… que me pedía. Y seguía sonriendo.





Me perseguía. Yo sólo le ofrecía sonrisas y le repetía “no,
no, no”… y ella sonreía.





Tuve una clara percepción en ese instante de que estaba en
“El Momento”, y me paré, me puse a su altura, le sonreí nuevamente, le acaricié
la mejilla, la barbilla, le transmití en silencio, pero con todas las palabras,
lo que sentía hacia ella, lo inexplicable de su situación, lo que tendría que sufrir
aún, cuánto me iba a acordar de ella, cuánto iba a pedir por ella, pero no
podía hacer mucho más.





Le di dinero, claro, pero ese dinero iría a manos de sus
padres y ella sólo se podría quedar con la atención de aquel extranjero con el
que no se entendía pero que le sonreía también, al que nunca volvería a ver, el
que le acarició la mejilla sin importarle su suciedad, le habló con unas
palabras que ella no entendía aunque su corazón sabía que eran buenas, que la
abrazó simbólicamente -¡lástima no haberlo hecho físicamente!-, que la trató
como persona y no se limitó a darle dinero para sobornar y acallar la
conciencia cristiana, que la bendijo, que la sintió como una hija, que le decía
“adiós” una y otra vez.





Ella me siguió. Durante toda la visita turística apareció
varias veces ante mí. Y yo le decía sonriendo: “¿pero otra vez tú?”





Parecía como si entendiese la broma, porque volvía a
sonreír.





Ya no me pedía más, sólo se quedaba a mi lado para que la
acariciara nuevamente.





Cuando me monté en el autobús le dije definitivamente adiós,
y la vi marchar.





Me senté en el lado opuesto de la puerta por donde había
entrado. Arrancó el autobús, despacio por el excesivo tráfico.





Ya estaba añorándola, arrepintiéndome de no haberla
abrazado, de no haberle prestado aún más atención, de no haber aprovechado del
todo “El Momento”, cuando uno de los compañeros de viaje, gritó: “Mira, nos
sigue tu amiga corriendo con el chiquillo en brazos, buscándote para despedirse
de ti”.





Me levanté, nervioso y emocionado, y vi lejana su sonrisa, y
su mano diciendo adiós.








(Francisco de Sales, es el creador de la web
www.buscandome.es, para personas interesadas en la psicología, la
espiritualidad, la vida mejorable, el Autoconocimiento y el Desarrollo
Personal)

francisco de sales

Cantidad de envíos : 79
Fecha de inscripción : 27/09/2011

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.