Bookmarking social
Conserva y comparte la dirección de reikiare en tu sitio social bookmarking
Diciembre 2016
LunMarMiérJueVieSábDom
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031 

Calendario Calendario


Microrrelatos

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Microrrelatos

Mensaje por galimatia el Sáb Jun 09, 2012 6:09 pm

El último ser humano vivo lanzó la última paletada de tierra sobre el último muerto. En ese mismo instante supo que era inmortal, porque la muerte sólo existe en la mirada del otro.
Alejandro Jodorowski. -- Después de la guerra

Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.
Gabriel Jiménez Emán

Soñé que un niño me comía. Desperté sobresaltado. Mi madre me estaba lamiendo. El rabo todavía me tembló durante un rato.
Luis Mateo Díez. -- El sueño

—No se preocupe. Todo saldrá bien —dijo el Verdugo.
—Eso es lo que me preocupa —respondió el Condenado a muerte.
Orlando Enrique Van Bredam. -- Preocupación

“Es una lástima, señorita, que no nos hayamos conocido un poco antes. Hace apenas cinco minutos yo era un tipo encantador”, dijo Mr Hyde, hundiendo la navaja en el costado de su víctima.
Aster Navas

Caperucita era una niña muy, pero que muy mala, que tenía aterrorizados a los animales del bosque – empezó a contar la loba a sus cachorros.
Aster Navas

Un día la ciudad desapareció. De cara al desierto y con los pies hundidos en la arena, todos comprendieron que durante treinta largos años habían estado viviendo en un espejismo.
Jairo Aníbal Niño. -- “Cuento de arena”

Si evaporada el agua el nadador todavía se sostiene, no cabe duda: es un ángel.
Eugenio Mandrini. -- Prueba de vuelo

Mientras subía y subía, el globo lloraba al ver que se le escapaba el niño.
Miguel Sáiz. -- El globo

Al caer la tarde, dos desconocidos se encuentran en los oscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:-Este lugar es siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?-Yo no -respondió el otro-. ¿Y usted?-Yo sí -dijo el primero, y desapareció.
George Loring Frost. -- “Un creyente”.

El último hombre sobre la Tierra está sentado a solas en una habitación. Llaman a la puerta...
Fredric Brown. -- Llamada.

El ángel de la guarda le susurró a Fabián, por detrás del hombro:
-¡Cuidado, Fabián! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies la palabra zangolotino.-¿Zangolotino? – Pregunta Fabián azorado. Y muere.
Enrique Anderson Inbert . -- Tabú.

Yo ejercía entonces la medicina en un pequeño pueblo. Una tarde me trajeron un niño descalabrado; se había caído por el precipicio de un cerro. Cuando para revisarlo le quité la camisa vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el niño pudo hablar le pregunté: —¿Por qué no volaste al sentirte caer? —¿Volar? —me dijo— ¿Volar, para que la gente se ría de mí?
Enrique Anderson Imbert, -- Alas

Aquel hombre bebió para olvidar a la mujer que amaba, y la mujer amó para olvidar al hombre que bebía.
Mario Goloboff. -- Tango

Hoy, en la ciudad, todos, absolutamente todos, se levantaron con granos de azúcar en los labios. Pero sólo se dieron cuenta los que al despertarse, se besaron.

Hoy los maté.
Ya estaba harto de que me llamaran asesino.
Jaime Muñoz. -- Justicia

Es fácil juntar de nuevo a Los Beatles. Sólo se necesitan tres balazos.
Orlando Enrique Van Bredam. -- Graffiti

Por medio de los microscopios / Los microbios / Observan a los sabios.
Luis Vidales. -- Superciencia

—Traedme el caballo más veloz —pidió el hombre honrado—. Acabo de decirle la verdad al rey.
Marco Denevi

—¿No habrá una especie aparte de la humana —dijo ella enfurecida arrojando el periódico al bote de la basura— a la cual poder pasarse? —¿Y por qué no a la humana? —dijo él.
Augusto Monterroso. -- El salto cualitativo

Con claridad sonó que el que lo creaba, moría. Al día siguiente no pudo despertar ninguno de los dos.
Ana Mª Mopty. -- Dibujo

-Cataratas- dijo el oftalmólogo al cíclope palmeándole la espalda.
Aster Navas

Se conocieron en un chat; a él le sedujo el aire vulnerable de sus frases; a ella le sentaba como un bálsamo –estaba superando un mal trago- cada uno de sus mensajes. Con aquel desconocido tenía la sensación de que todo volvía a estar en el sitio adecuado. Siempre se mostraba tan optimista… “Sobre ruedas” – respondía cada vez que ella tecleaba “¿cómo te va la vida?”Un buen día decidieron dejar de ser amigos virtuales y encontrarse en una cafetería del Centro. Ella se hartó de esperar. El local estaba casi vacío y le estaba poniendo de los nervios aquel minusválido de la mesa del fondo: no dejaba de mirarla.
Aster Navas

¿Quieres soplarme en este ojo? -me dijo ella-. Algo se me metió en él que me molesta. Le soplé en el ojo y vi su pupila encenderse como una brasa que acechara entre cenizas.
Jose de la Colina. -- “Ardiente”

En Sumatra, alguien quiere doctorarse de adivino. El brujo examinador le pregunta si será reprobado o si pasará. El candidato responde que será reprobado...
Jorge Luis Borges -- “El adivino”

Leímos todo cuanto había sido escrito sobre el amor. Pero cuando nos amamos descubrimos que nada había sido escrito sobre nuestro amor.
Marco Denevi. -- “Tú y yo”

...¡Clic!-Buena suerte, profesor -dijo el ayudante.-Gracias, Cuthbert. Si mi máquina del tiempo cibernética es un éxito, el mundo entero tendrá constancia de mi genio. Primero la programo para llevarnos, vamos a poner, treinta segundos hacia el pasado, luego pulso esto...¡Clic!-Buena suerte, profesor -dijo el ayudante...
Steven Paulsen. -- Bucle lógico

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto Monterroso. -- El dinosaurio

Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado “El dinosaurio”. —Ah, es una delicia —me respondió—, ya estoy leyéndolo.
José de la Colina. -- La culta dama

Aquel científico necesitaba saber qué sucedería si en la máquina del tiempo retrocedía al momento en que sus padres estaban por conocerse e impedía la relación. Apareció en esa época sin mayores dificultades. Un joven llegaba al pueblo en donde el destino le deparaba una esposa. De inmediato supo quién era. No en balde había visto fotografías del viejo álbum familiar. Lo que hizo a continuación fue relativamente sencillo: convencer a su padre de que allí no estaba el futuro, de que mejor fuera a una gran ciudad en busca de fortuna. y para cerciorarse lo acompañó a la estación de ferrocarril. Se despidieron y mientras desde la ventanilla una mano se agitaba, el riguroso investigador sintió cómo poco apoco se desvanecía hasta convertirse en nada.
René Avilés Fabila. Wells y Einstein

Raúl Brasca. -- El sicario.
Con inflexible rigor, su padre lo había echado de casa cuando aún era un muchacho. Sin embargo ahora, pasados veinte años, quiso que volviera y mandó que le adelantaran dinero a cambio de un borroso servicio por cumplir.
Él volvió. Era temido y tenía fama de ser tan estricto con su palabra como inexorable en el trabajo. La noche convenida le señalaron a su víctima. Silencioso, se le acercó por atrás y amartilló el arma. El padre se dio la vuelta. Sin el menor signo de turbación, los dos hombres se sostuvieron la mirada. Perdió el sicario: bajó los ojos y puso el revólver en la mano que el padre le extendía.-Gasté el dinero -dijo--. Pero nunca he robado ni faltado a mi palabra.-Y no va a ser por mí que lo hagas –dijo el padre y, tan inflexible como hacía veinte años, se llevó el revólver a la sien y disparó.

Raúl Brasca. -- Triángulo criminal
Vayamos por partes, comisario: de los tres que estábamos en el boliche, usted, yo y el«occiso», como gusta llamarlo -todos muy borrachos, para qué lo vamos a negar-, yo no soy el que escapó con el cuchillo chorreando sangre. Mi puñal está limpito como puede apreciar; y además estoy aquí sin que nadie haya tenido que traerme, ya que nunca me fui. El que huyó fue el «occiso» que, por la forma como corría, de muerto tiene bien poco. y como él está vivo, queda claro que yo no lo maté. Al revés, si me atengo al ardor que siento aquí abajo, fue él quien me mató. Ahora bien, puesto que usted me está interrogando y yo, muerto como estoy, puedo responderle, tendrá que reconocer que el «occiso» no sólo me mató a mí, también lo mató a usted.

Eduardo Galeano. -- Patas arriba
Según los viejos sabios de la región colombiana del Chocó, Adán y Eva eran negros y negro serán sus hijos Caín y Abel. Cuando Caín mató a su hermano de un garrotazo, tronaron las iras de Dios. Ante las furias del señor, el asesino palideció de culpa y miedo, y tanto palideció que blanco quedó hasta el fin de sus días. Los blancos somos, todos, hijos de Caín.

Eduardo Galeano..
Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana.

Callo Frabetti. -- Los arqueros suicidas
Como arma, el arco tiene una importante limitación: no sirve para suicidarse. Aunque sería más exacto decir que no es fácil poner fin con él a la propia vida, pues tampoco es imposible, como demostraron tres famosos arqueros suicidas de los tiempos heroicos. El primero de ellos tiraba con tal precisión que cuando decidió abandonar este valle de lágrimas no tuvo más que disparar una flecha hacia el cenit. Tan exactamente se ciñó la saeta a la vertical que, tras agotar su impulso y alcanzar el punto de máxima altura, desanduvo por obra de la gravedad el camino recorrido y fue a clavarse en la cabeza del suicida. El segundo arquero era muy veloz. Disparó horizontalmente su última flecha y luego corrió en pos de ella, la alcanzó, la adelantó, se interpuso en su trayectoria y la acogió en su corazón. Pero estas dos hazañas palidecen ante la del tercero. Era tan fuerte y tenía un arma tan poderosa que, tensando su arco al máximo por primera y última vez, disparó a su lejanísimo enemigo, que era él mismo. La flecha dio la vuelta al mundo y se clavó mortalmente en su espalda.

Fernando Iwasaki. -- Última escena
Al fin los de la aldea decidieron matar al monstruo. No quisieron creerme cuando las ovejas de la viuda del molinero amanecieron degolladas. Recuerdo sus cuerpos esponjosos, abiertos como granadas y barnizados de luna. Luego vino la matanza de los establos comunales, garañones abiertos en canal y una repugnante sensación de sangre y moscas en la boca. El alcalde insistía en organizar batidas contra los lobos, mas yo sabía que ellos no habían sido. Pensaron que estaba ebrio, perturbado, enloquecido. Tampoco me hicieron caso cuando la bestia despedazó a los mendigos y pedigüeños de la villa, ni cuando hallaron en el arroyo los despojos del sacristán, un hombre innecesario. Con los niños fue distinto: cada muerte socavó la confianza en las autoridades y la necesidad de venganza les conminó a creerme. Por eso han venido trayendo antorchas y lanzas, garrotes y hoces, para emboscar la aparición del monstruo. Les pido que aguarden la luna llena y escucho las maldiciones apagadas. Talvez sigan dudando. Los veo tan asustados restregando sus armas, que no los imagino destrozando a la criatura. Cuando la luna esté en lo alto, me pregunto cuál de ellos me atacará primero.



monje

galimatia

Cantidad de envíos : 381
Fecha de inscripción : 03/06/2011

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.