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reiki rosacruz -3-

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reiki rosacruz -3-

Mensaje por kullo el Miér Sep 14, 2011 8:09 pm

rojos, como por ejemplo, la anemia y la poliglobulia. La anemia es debida a una disminución importante de glóbulos rojos, lo que explica la palidez de los que la sufren. La poliglobulia, por el contrario, se debe a un número excesivo de estos glóbulos. El segundo tipo de enfermedades de la sangre se debe a estados patológicos relacionados con los glóbulos blancos, como por ejemplo, la agranulocitosis y la leucemia. La agranulocitosis tiene su causa en la desaparición completa de los glóbulos blancos. La leucemia, por el contrario, se produce cuando hay demasiados en la sangre. El tercer tipo tiene su origen en las plaquetas, el más conocido es el salpullido, que puede ser consecuencia de una intoxicación por medicamentos. La mayor parte de los salpullidos se deben a una insuficiencia de plaquetas. En cuanto a la hemofilia, es una enfermedad que concierne a la coagulación sanguínea. Los hemofílicos no consiguen que la sangre se coagule y cicatrice cuando se produce una herida o una hemorragia.
Estas enfermedades graves deben ponerse en manos de médicos especializados, ya que necesitan ser tratadas con una terapéutica apropiada. Pero aquí, como en muchos otros casos, el empleo de tratamientos rosacruces permite obtener, si no la curación, al menos una sensible mejoría del estado general del paciente. Además, es preciso comprender que la mayor parte de los problemas clasificados por la medicina bajo la categoría de enfermedades sanguíneas, sólo son efectos diversos de una sola causa, que muy a menudo, tiene su origen en un desequilibrio del cuerpo psíquico. Por eso, vamos a considerar la manera de prevenir este desequilibrio.

EL CIRCUITO SANGUÍNEO

Es muy corriente oír hablar del "corazón derecho", del "corazón izquierdo", de la "circulación mayor" y de la "circulación menor". Esta clasificación se debe a que el circuito recorrido por la sangre es doble. Lo que se denomina "corazón izquierdo", corresponde a la parte del corazón que recibe (te los pulmones la sangre rica en oxígeno y en esencia cósmica, y que la vuelve a enviar a todo el cuerpo. En cuanto al "corazón derecho", es la parte del corazón que, después de haber recibido de los órganos la sangre desprovista de oxígeno y de esencia cósmica, pero cargada de gas carbónico, la vuelve a enviar a los pulmones para que se oxigene y revitalice.
La circulación menor, o circulación pulmonar, es la que permite a la sangre del corazón derecho volver al corazón izquierdo después de haber pasado por los pulmones. En esta circulación, la sangre abandona el corazón por la arteria pulmonar y vuelve nuevamente a él por una de las cuatro venas pulmonares. La circulación mayor es la que permite que la sangre reoxigenada y revitalizada sea propulsada desde el corazón izquierdo para irrigar todas las partes del cuerpo antes de volver al corazón derecho. En esta circulación, la sangre rica en oxígeno y en esencia cósmica, abandona el corazón por la aorta y después de haber nutrido con esta doble vitalidad a los órganos y de haberse cargado del gas carbónico producido por éstos, vuelve de nuevo al corazón por la vena cava. Desde allí es de nuevo lanzada a los pulmones para ser oxigenada y revitalizada una vez más, cerrándose el circuito. De lo anteriormente dicho, podrá comprobar que la sangre vuelve siempre al corazón por las venas y sale de él por las arterias. Le aconsejamos que consulte el esquema que aparece en el anexo de este capítulo a fin de que comprenda con claridad en que consiste exactamente la “circulación pulmonar” y la “circulación general”.
Para resumir los puntos más importantes que debe retener en relación con la sangre, debe recordar que aporta tres elementos que son esenciales para las células del cuerpo. En primer lugar, las alimenta con las sustancias nutritivas contenidas en la bebida y en los alimentos que ingerimos, que pasan por primera vez a la corriente sanguínea en el intestino delgado. En segundo lugar, les suministra el oxígeno y la esencia cósmica que obtiene en los pulmones. Volviendo a una terminología más sencilla, diremos que la sangre nutre a las células del cuerpo con el elemento B y con el elemento A. Dicho de otra forma, proporciona a cada una de las células tanto la polaridad negativa como la polaridad positiva de la Fuerza Vital. Además, lleva hacia los pulí-nones el gas carbónico recogido en los órganos para que sea expulsado del organismo por medio de la espiración.
Como verá más claramente cuando estudie la ilustración del próximo capítulo, la sangre que llega al corazón derecho es rica en sustancias nutritivas, o dicho de otra manera, en elemento B, pues a partir del momento en que el hígado las ha recogido del intestino delgado para filtrarlas y almacenar una parte, son enviadas directamente hacia la parte derecha del corazón. Al pasar por los pulmones, esta sangre rica en elemento B recibe su complemento en elemento A, lo que hace que la corriente sanguínea está impregnada de ambos elementos cuando deja el corazón para ir a irrigar todas las partes del cuerpo. Esto debe permitirnos comprender que si no comemos o no respiramos correctamente, el equilibrio establecido en los pulmones entre la polaridad negativa y la positiva de la Fuerza Vital sólo transporta al organismo un débil potencial de vitalidad.

EL CORAZÓN

No se puede hablar de la circulación de la sangre sin detenernos brevemente en el órgano que hace que ésta sea posible. Este órgano, junto con los pulmones, es sin duda donde mejor se manifiesta la presencia de un ritmo natural en el cuerpo. Lo que no quiere decir que el resto de las funciones no se lleven a cabo dentro de su propia armonía rítmica, sino al contrario. De hecho, todos los órganos accionan y reaccionan siguiendo un ritmo individual que está en perfecta resonancia con el conjunto del ritmo corporal.
Es importante precisar que la mayor parte de trastornos y enfermedades que sufrirnos tienen su origen en el hecho de que la actividad rítmica de alguno de estos órganos no es la que debería ser, perturbando de esta manera el ritmo general del cuerpo. Sin embargo, el ritmo de los órganos no está bajo el control de la voluntad. Dicho de otra forma, no depende del cerebro ni del sistema nervioso cerebro-espinal. Lo que quiere decir que cuando se rompe la armonía en la actividad rítmica de uno o varios órganos, la causa de esta discordancia suele ser muy a menudo de origen psíquico, debiendo ser neutralizada por el sistema nervioso autónomo, quien, repetimos una vez más, dirige y controla las actividades involuntarias del cuerpo.
El corazón manifiesta un ritmo muy preciso, que por razones evidentes, es uno de los más marcados y de los más fácilmente perceptibles. Este órgano, como bien sabe, está situado en el centro de la cavidad torácica, entre los dos pulmones. No sería erróneo decir que está compuesto de dos órganos soldados entre sí, el corazón derecho y corazón izquierdo, ambos divididos en dos cavidades: una superior, de pared delgada, a la que denominamos "aurícula", y una inferior de gruesa pared, que recibe el nombre de "ventrículo". Como hemos explicado anteriormente, el lado derecho del corazón recibe la sangre cargada de gas carbónico y rica en sustancias nutritivas, reenviándola a los pulmones. En cuanto al lado izquierdo, recibe de los pulmones una sangre cargada de sustancias nutritivas, purificada del gas carbónico, rica en oxígeno y en esencia cósmica, y la envía hacia todas las partes del cuerpo.
Sin querer entrar en consideraciones demasiado técnicas, debe recordar que el corazón, en su conjunto, está formado de tres partes distintas: el pericardio, el miocardio y el endocardio. Diremos simplemente que el miocardio es el músculo cardíaco, y que el pericardio y el endocardio son respectivamente las membranas exterior e interior. Para que pueda tener una breve apreciación del prodigioso trabajo que realiza el corazón, basta condecir que late a un ritmo medio de 75 contracciones por minuto y que bombea más de 8000 litros de sangre por día para enviarla a la red vascular del cuerpo que mide más de 100,000 Km. Es evidente que una actividad muscular tan intensa fatiga al músculo cardíaco y ésta es la causa de que las enfermedades del corazón sean motivo de tantas muertes, siendo la más corriente el infarto de miocardio. Esta enfermedad, que también es denominada "crisis cardíaca", es provocada por un espesamiento de las arterias coronarias, lo que impide que la sangre circule normalmente en el miocardio. En consecuencia, dejan de ser irrigadas ciertas partes de éste, produciéndose una alteración llamada "infarto". Si no es mortal, quien lo ha sufrido debe someterse al tratamiento médico apropiado para que pueda cicatrizar la lesión del miocardio. También es importante que adopte un modo y un ritmo de vida apropiado a las funciones disminuidas de su corazón.
¿Qué debemos hacer para cuidar las actividades del corazón?. En primer lugar, se debe evitar tomar sustancias tóxicas, ya que para eliminarlas del cuerpo, el corazón debe acelerar el ritmo habitual de la corriente sanguínea. Entre estas sustancias se encuentran el tabaco, el alcohol y las bebidas excitantes, tales como el café. En segundo lugar, debemos descansar tanto físicamente como mentalmente, pues la sobrecarga, el stress, la ansiedad y todas las formas de angustia, favorecen las enfermedades cardíacas. Como veremos en una futura obra, los místicos siempre han considerado que el pericardio, es decir la pared exterior del corazón, es mucho más que una simple envoltura de naturaleza puramente química. De hecho, constituye uno de los siete principales centros psíquicos del cuerpo humano. Por eso, no debe causar extrañeza que los estados mentales de stress, ansiedad y angustia provoquen problemas cardíacos, ya que afectan negativamente a la parte psíquica del corazón y este efecto repercute necesariamente sobre su actividad física.

CAPÍTULO VII

En los capítulos anteriores ha aprendido que una de las misiones que cumple la sangre es la de llevar a las células del cuerpo las sustancias nutritivas que necesitan para sus funciones, y otra, la de proporcionarles el oxígeno y la esencia cósmica contenidos en el aire que respiramos. Hoy vamos a contemplar como cumple la sangre esta misión y la ayuda que le presta la linfa.
LA LINFA
Cuando la sangre llega a los tejidos para alimentarlos, deja pasar cierta cantidad de plasma a través de las paredes de los capilares, ya que es precisamente el plasma quien contiene las sustancias nutritivas destinadas a la alimentación de las células. Además del plasma, la sangre deja que se filtren también hacia el exterior muchos glóbulos blancos. Este líquido formado de plasma sanguíneo y de glóbulos blancos, recorre todos los tejidos del cuerpo alimentando a cada célula e interviniendo en caso de infección. Después de haber cumplido con su misión, este líquido no vuelve íntegramente a la sangre, ya que, al pasar por los diferentes órganos del cuerpo, se ha cargado de numerosos deshechos y toxinas. Si volviera directamente a la circulación sanguínea, provocaría un envenenamiento general del organismo. Este fluido sanguíneo, que después de haber cumplido su misión alimenticia y protectora, no retorna directamente al corazón, es a lo que se denomina "linfa". De hecho, la linfa es en parte sangre, para ser sangre completa le faltan los glóbulos rojos y las plaquetas.
Si la linfa no vuelve directamente al corazón para ser enviada de nuevo a todas las partes del cuerpo, ¿Dónde va? Continúa por una red de vasos y venas que forman lo que se llama el "sistema linfático". Hay mucha gente que ignora el proceso que sigue la circulación linfática y no da suficiente importancia a esta función que es vital para el cuerpo humano. Como promoveremos, el sistema linfático puede ser estimulado por medio de la terapéutica rosacruz, y de esta manera, se puede reforzar su tarea alimenticia y defensiva.
Acabamos de explicar que la linfa proviene de la sangre y vuelve a ella después de haber sido purificada de los deshechos y toxinas que ha ido recogiendo por todo el organismo. El problema es saber donde tiene lugar esta purificación y como se lleva a cabo. Para responder a esta doble pregunta, ahora debemos estudiar el sistema linfático. Como de costumbre, evitaremos la utilización de términos demasiado técnicos e intentaremos que las explicaciones sean lo más sencillas posible. Como ya hemos indicado, nuestro fin no es presentar un curso detallado de fisiología del cuerpo humano, sino más bien familiarizarle con las funciones del cuerpo antes de empezar a hablar de los tratamientos metafísicos que permiten estimularlas cuando manifiestan cualquier tipo de deficiencia.

EL SISTEMA LINFÁTICO

Igual que hay un complejo sistema para la circulación de la sangre, también existe una red de venas y de vasos linfáticos. Debe saber que en el cuerpo humano hay muchos más vasos linfáticos que sanguíneos. La linfa, al contrario que la sangre, no se mantiene en circulación en el organismo gracias a un órgano semejante al corazón, sino bajo el efecto de los movimientos del cuerpo. Para que comprenda mejor lo que vamos a explicarle a continuación, hemos incluido un esquema en el anexo de este capítulo. Le rogamos que lo consulte para que comprenda con claridad el funcionamiento del sistema linfático.
Una vez que la sangre ha irrigado y alimentado toda la parte izquierda del cuerpo, la linfa resultante se dirige hacia el canal torácico por medio de los vasos linfáticos. En la parte derecha del cuerpo, el líquido linfático es canalizado a través de la gran vena linfática. De hecho, se podría decir que el canal torácico y la gran vena linfática componen los dos principales troncos del sistema linfático, que se unen en una dilatación denominada "cisterna del quilo". En cuanto a los vasos quilíferos que figuran en el esquema del anexo de este capítulo, tienen la misión de absorber ciertas sustancias nutritivas a nivel del intestino y dirigirlas hacia la linfa. Esta, al igual que la sangre, tiene a su cargo alimentar a todas las partes del cuerpo.
Cuando la linfa llega a uno de los dos grandes troncos linfáticos, el canal torácico o la gran vena linfática, después de haber drenado todos los tejidos y todos los órganos del cuerpo, vuelve al corazón por lo que se conoce como venas "subclavias". Sin embargo, como hemos indicado anteriormente, la linfa debe ser purificada de sus deshechos y toxinas antes de volver a la sangre para ser de nuevo distribuida por todo el cuerpo. Esta purificación la llevan a cabo los ganglios linfáticos, a los que desde ahora vamos a llamar "nódulos linfáticos" para evitar cualquier confusión con los ganglios ortosimpáticos que estudiaremos próximamente. El cuerpo cuenta aproximadamente con seiscientos o setecientos nudos linfáticos cuyo grosor va desde un pequeño punto al de una aceituna. Su misión es transformar en sustancias inofensivas todas las toxinas transmitidas a la linfa por los tejidos. Hay otra razón muy importante que hace que el líquido linfático no pueda volver directamente al circuito sanguíneo sin haber sido purificado y es que contiene muchos glóbulos blancos encargados de neutralizar los microbios que se encuentran en los diversos tejidos que recorre. Si se vertiera directamente a la sangre, le transmitiría parte de esos microbios y gran número de los deshechos que provienen de la lucha ejercida continuamente contra ellos. Tarde o temprano, el resultado sería el envenenamiento de la sangre.
Debemos ahora reclamar su atención sobre el hecho de que todos los vasos linfáticos que provienen de los miembros inferiores y de los órganos abdominales, confluyen en el abdomen, a la altura de la segunda vértebra lumbar. Como pronto le demostraremos, se puede influir sobre ciertos ganglios ortosimpáticos que se encuentran en esta región dorsal, y mediante esta influencia, estimular la corriente linfática de esta parte del cuerpo. Para resumir lo que acabamos de explicarle respecto al sistema linfático, vamos a referirnos a sus tres funciones principales:
Primero: asegura a las células un aprovisionamiento constante de sustancias nutritivas como complemento de las que aporta el sistema sanguíneo. Segundo: impide que se propaguen las infecciones, siendo ayudado en esta misión por los nódulos linfáticos y los glóbulos blancos. Tercero: constituye una reserva de plasma en el caso de que se produzca una hemorragia, ya que como acabamos de decir, la linfa está formada por un gran porcentaje de plasma sanguíneo.
Como ya se habrá dado cuenta, esta triple misión es lo suficientemente importante como para que concedamos toda nuestra atención al sistema linfático y a las consecuencias negativas que puede acarrear a nuestra salud las perturbaciones experimentadas por él. Aunque las múltiples funciones de este sistema han sido descubiertas recientemente, exactamente, a principios del siglo veinte, los místicos del pasado ya las conocían desde hace mucho tiempo, hecho que puede ser confirmado por ciertos documentos existentes en nuestros archivos. Dichos documentos contienen métodos terapéuticos que sirven para ayudar a que estas funciones realicen eficazmente su trabajo. En otra parte más avanzada de este libro, hablaremos de estos métodos.
Bajo el punto de vista puramente biológico, el mejor medio para mantener el sistema linfático en perfecto estado de funcionamiento, consiste, como es obvio, en procurar que la linfa sea lo más pura posible. Puesto que tiene su origen en la sangre, su pureza química depende en gran parte de la calidad del alimento que tomamos y del aire que respiramos, una alimentación de mala calidad y la absorción frecuente de sustancias tóxicas, hacen que se cree en el cuerpo una cantidad excesiva de deshechos y de veneno. Llega un momento en el que los nódulos linfáticos, que tienen a su cargo neutralizar estos deshechos y venenos, no consiguen dominar la situación y se producen focos infecciosos. Cuando esta infección alcanza a la linfa y al sistema linfático, se produce un envenenamiento general o local que puede dar origen a ciertas formas de cáncer.
Esperamos que estos capítulos dedicados a las funciones vitales del cuerpo humano le hayan parecido interesantes y que hayan servido para que haga un repaso general sobre estos temas. Nuestro próximo capítulo estará dedicado a un examen de aquellos órganos que desempeñan un papel importante en el mantenimiento de la salud.

CAPÍTULO VIII

Como habrá podido comprobar al estudiar los capítulos anteriores, el cuerpo humano es un lugar permanente de lucha por el mantenimiento de la vida. Esto se debe a que, contrariamente a los hombres, la naturaleza es perfectamente consciente de la misión cósmica asignada al cuerpo, por lo que despliega todos sus esfuerzos para mantenerlo en perfecto estado de funcionamiento. El cuerpo humano es el soporte material a partir del cual el hombre debe alcanzar la consciencia de su naturaleza espiritual. Dicho de otra forma, es el soporte del alma, por lo que debe ser eficaz en el plano terrenal, siendo la primera condición, poseer buena salud.
Desde principios de este libro hemos visto que el cuerpo recibe a través de la sangre todos los elementos que necesita y que los extrae de las sustancias nutritivas, del oxígeno y de la esencia cósmica. Como ya vimos en nuestra última charla, la linfa es un valioso colaborador de la sangre en su función alimentaria. También hemos visto que el sistema linfático, al igual que el sistema sanguíneo, realiza un gran trabajo en la purificación del cuerpo. Al igual que cualquier máquina, el funcionamiento físico del organismo produce elementos de desecho que es necesario eliminar. La función esencial de la sangre es purificar el gas carbónico producido por la actividad celular. La de la linfa, neutralizar las toxinas producidas por el trabajo realizado por los órganos. Ahora bien, es importante que comprenda que los sistemas sanguíneo y linfático reciben ayuda en su misión purificadora de algunos órganos del cuerpo, especialmente, del hígado, del bazo y de los riñones. Hoy vamos a examinar los puntos más importantes del funcionamiento de estos órganos puesto que consideramos necesario que tenga un conocimiento básico de ellos.

EL HÍGADO

El cuerpo está tan bien constituido que puede sobrevivir aunque pierda algunos órganos, sobre todo, los que son dobles. Por ejemplo, una persona puede continuar viviendo sin estómago, sin bazo, sin un pulmón, sin un riñón, sin parte del intestino, sin vesícula, etc. Sin embargo, el hígado es indispensable para la vida, no porque sea el órgano más grande del cuerpo, sino porque debe cumplir funciones muy diversas. Compuesto por dos lóbulos, está situado en la parte superior del abdomen, por debajo del diafragma que le separa de los pulmones y encima del estómago y de los intestinos, apoyado en las tres últimas vertebral dorsales. A continuación vamos a considerar algunas de sus funciones más importantes.
En primer lugar es necesario que sepa que el hígado segrega la bilis que se almacena en la vesícula biliar y que llega hasta el duodeno con los alimentos. Este líquido alcalino es indispensable en una de las fases de la digestión. En segundo lugar debe recordar que las sustancias nutritivas llegan hasta él a través de la vena porta antes de entrar definitivamente en la corriente sanguínea, y después de haber sido extraídas del intestino delgado. Algunas substancias, como los azúcares y las vitaminas, quedan almacenadas en el hígado para ser utilizadas posteriormente. Otras son transformadas en elementos nutritivos que pueden ser fácilmente asimilados por el organismo. Estos elementos, que pueden ser absorbidos, pasan del hígado a la circulación sanguínea a través de las venas subhepáticas. Por esta causa, la sangre que llega al corazón derecho es rica en elemento B de la Fuerza Vital. Con el fin de que pueda comprender correctamente las explicaciones que vamos a darle a continuación, le rogamos que consulte el grabado que figura en el anexo del capítulo anterior.
La misión del hígado no está limitada al almacenamiento de ciertas sustancias, ni a la transformación de los alimentos, digeridos en elementos nutritivos fácilmente asimilables por el organismo. También constituye una reserva de hierro y de azúcares, y sobre todo, de lactosa y fructosa. Además lleva a cabo el enorme trabajo de eliminar los productos tóxicos del cuerpo, colaborando en ello con la linfa y la sangre. Por un lado, extrae de la corriente sanguínea el amoníaco producido por el intestino, transformándolo en urea. Por otro, absorbe el alcohol de la sangre para transformarlo en sustancias menos nocivas o para enviarlo a la vesícula biliar, donde será neutralizado. También elimina los medicamentos absorbidos después de haberlos sometido a una transformación. Además, se puede observar que la corriente sanguínea que abandona el hígado para alcanzar la parte derecha del corazón, no sólo es rica en elemento B, sino que también ha sido purificada de muchos productos tóxicos, que de no ser neutralizados, darían lugar a numerosas enfermedades.
A través de estas explicaciones generales le será fácil deducir cual debe ser el comportamiento a seguir en el plano físico para facilitar el trabajo del hígado y contribuir a su bienestar. En primer lugar, es necesario ingerir alimentos que desde el primer momento sean fácilmente asimilables por el organismo. Debe saber que los alimentos condimentados en exceso tienen una repercusión negativa sobre el hígado. En segundo lugar, que la ingestión excesiva de alcohol es causa de muchos problemas circulatorios, nerviosos, y que incluso puede dar origen a la cirrosis. En tercer lugar, es sumamente importante no abusar de los medicamentos de origen químico, puesto que hacen trabajaren exceso al hígado y tienen efectos secundarios que pueden ser causa de enfermedades más graves que aquellas a las que se intenta combatir.
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