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reiki rosacruz -1-

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reiki rosacruz -1-

Mensaje por kullo el Miér Sep 14, 2011 8:04 pm

REIKI ROSACRUZ

John S. Nygma

CAPÍTULO I

Las enseñanzas esotéricas se refieren a una fase muy importante del trabajo que ya ha emprendido como estudiante místico, ya que tratan del mantenimiento de la salud y de la lucha contra las enfermedades.
No es nuestra intención dictar un curso magistral sobre el arte terapéutico y tampoco convertirle en curandero. Nuestro objetivo es ante todo, familiarizarle con los principios místicos cuya aplicación le permitirá curar o aliviar ciertos estados patológicos del cuerpo. Además, e insistimos en este punto, no debe usar las enseñanzas que vamos a presentarle en las próximos capítulos con fines lucrativos. A menos que forme parte del cuerpo médico o que ejerza alguna profesión reconocida oficialmente en el campo de la sanidad, los principios de curación que va a conocer sello deben ser aplicados sobre usted mismo o sobre sus allegados. Es importante que considere estas enseñanzas como un medio altruista de servir a los que sufren en su entorno. Para ello, su actitud debe ser desinteresada e impersonal.
Como podrá comprobar al estudiar los próximos capítulos, el arte de la curación metafísica se basa en leyes y principios que en su mayoría son totalmente ignorados por el público, o incluso por aquellos que ejercen la medicina.
La medicina tradicional tiende en todas las enfermedades a fijar su atención exclusivamente en el cuerpo físico, considerando que éste es la causa de todos los trastornos y la base sobre la que se debe actuar para restablecer la salud. Pero los rosacruces siempre han considerado que los males físicos tienen su origen en una perturbación del cuerpo psíquico. Teniendo en cuenta la dualidad de la naturaleza humana, la terapéutica rosacruz concede otra dimensión al problema de la salud. Por esta razón, los médicos rosacruces se benefician de un conocimiento que la ciencia médica oficial todavía ignora. Debemos recordar que las escuelas de los misterios siempre han sido las depositarias de las enseñanzas místicas relacionadas con el arte de curar.

LOS ORÍGENES DE LA MEDICINA

Bajo el punto de vista tradicional, el interés por la curación se remonta a la Atlántida, donde ya los iniciados se consagraban a la aplicación de aquellas leyes que permitían aliviar el sufrimiento ajeno. Los sobrevivientes de este continente desaparecido transmitieron su saber a los iniciados que frecuentaban las Escuelas de los Misterios de Egipto. Algunos de estos iniciados se especializaron en este arte y dieron origen a una fraternidad dedicada especialmente a curar a los enfermos. Esta fraternidad estuvo reuniéndose durante mucho tiempo cerca del templo de Heliópolis, y allí era donde llevaba a cabo su obra desinteresada al servicio de los enfermos. De esta fraternidad descienden los Esenios y los Terapeutas, que trabajaron respectivamente en Palestina y en Grecia. Se puede decir que es a ellos a quienes debemos la mayor parte de nuestros conocimientos en esta materia. También los druidas se inspiraron en sus métodos en el arte de curar. Como podrá comprobar, los orígenes de la medicina se remontan a la más remota Antigüedad, dado que las enfermedades existen desde tiempos inmemoriales, lo que ha conducido a los sabios de todos los tiempos a estudiarlas y a generar técnicas y remedios que permitan curarlas y aliviarlas.
Con el transcurso de los siglos, la ciencia ha descubierto y ha conseguido demostrar muchos de los principios curativos que ya eran enseñados por los Maestros de nuestra fraternidad desde hacía largo tiempo, pero que no habían sido aceptados. La luz termina siempre por vencer a las tinieblas, y nos causa gran regocijo comprobar que verdades que antaño habían quedado relegadas a la categoría de supersticiones, en la actualidad son oficialmente reconocidas. Para poner un ejemplo relativamente reciente, mucho antes de que el doctor William Harvey demostrara científicamente que la sangre circula por el cuerpo, este hecho ya era conocido por los ocultistas. En realidad, profundizó en todo lo relacionado con la circulación sanguínea cuando estudió las doctrinas místicas, pudiendo confirmar todo aquello que ya sabía, pero que no había podía demostrar anteriormente. Con el paso del tiempo, las instituciones médicas se volvieron más tolerantes con aquellas opiniones que anteriormente condenaban. Por esta razón, a lo largo de esta obra podrá comprobar que muchos puntos de los temas tratados, son hoy día admitidos por los médicos y utilizados en la práctica diaria. Pero también se dará cuenta de que existen muchas leyes relativas a la salud y a la enfermedad, así como excelentes métodos para aliviar el sufrimiento y curar muchos trastornos, que todavía son absolutamente desconocidos.
No pretendemos minimizar los progresos realizados por la ciencia en lo que se refiere a la salud. No reconocer que sus investigaciones han contribuido a salvar muchas vidas humanas y a aliviar el sufrimiento, equivaldría a demostrar una supina ignorancia y el fanatismo más extremo. Pero lo que si esperamos, es que llegue el día en que la medicina deje de ser víctima de sus conceptos demasiado materialistas y que, en un futuro que nos gustaría que fuera próximo, acepte tener en cuenta lo que los místicos pueden enseñarle sobre el arte de la curación. Se alcanzará este ideal en la investigación médica cuando la ciencia y el misticismo pongan lo mejor que ambos tienen para
preservar el bienestar del cuerpo y hacer de él un instrumento eficaz al servicio del alma.

LA SALUD Y LA ENFERMEDAD

Entre los puntos fundamentales que es preciso considerar cuando empezamos a estudiar
el funcionamiento del cuerpo humano, hay dos que deben atraer nuestra atención de una manera especial. El primero se refiere a la conservación de la salud, y el segundo, a la prevención de las enfermedades. A primera vista, es evidente que la enfermedad se corresponde con una alteración de la salud. Sin embargo, esta observación no permite comprender cuáles son las leyes que conducen a la manifestación de una y otra. En estos capítulos dedicaremos a estudiar la causa fundamental de todas las enfermedades y la manera en que debemos actuar sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno para mantener una armonía lo más perfecta posible en todas las funciones de nuestro ser, condición imprescindible para protegerse contra la mayor parte de los trastornos corporales.
Pero no debe pensar que las enseñanzas que le van a ser transmitidas le mantendrán fuera del alcance de cualquier tipo de enfermedad. Tampoco pretendemos ser capaces de curar todos los trastornos patológicos que puede sufrir el hombre. En una palabra, sería un error considerar que la terapéutica rosacruz permite hacer milagros. Lo que le vamos a enseñar es una forma de comportamiento físico, mental y espiritual que va a permitirle que no se creen en usted condiciones vibratorias negativas que sin duda alguna, y en un plazo más o menos largo, son la causa de la aparición de la mayor parte de las enfermedades. Paralelamente a eso, le ofreceremos algunos métodos curativos típicamente esotéricos para que pueda restablecer su salud y aliviar ciertos dolores.
Sabernos por experiencia que la aplicación de los principios enseñados en este libro contribuirá a una mejora progresiva de su salud. Por otro lado, podrá realizar curaciones, tanto sobre usted como sobre sus allegados, que la medicina oficial no hubiera podido obtener. Pero no debe deducir de ello que de ahora en adelante podrá olvidarse de la ayuda médica cada vez que esté enfermo. El sentido común debe permitirle comprender que existen trastornos que necesitan el empleo del apropiado tratamiento médico e incluso en algunos casos, es preciso recurrir a la cirugía. Las enseñanzas que va a estudiar no son sustitutivas de la medicina oficial, sino una ayuda muy eficaz que a veces le permitirá obtener resultados inesperados. Una vez más insistimos en el hecho de que la ciencia y el misticismo son dos campos complementarios y en ningún caso opuestos, tanto en su método como en su objetivo.
Para concluir estas importantes consideraciones, debemos precisar que la elección del tipo de medicina a aplicar se deja a la entera libertad de cada estudiante. Algunos prefieren la homeopatía, otros la acupuntura y otros la medicina tradicional. En realidad, existen muchas vías médicas o paramédicas que, a su manera, se esfuerzan por ayudar
a los que sufren. Como nuestro lema recomienda la tolerancia y la independencia, nos guardaremos mucho de abogar por una vía médica en particular y de atacar a otra. Pero no dudaremos en repetir nuestra opinión sobre los problemas de fondo.
De cualquier manera, nada de lo que le será enseñado en materia de curación mística se opone a los métodos terapéuticos que actualmente se encuentran en vigor.
Le invitamos cordialmente a que estudie con toda atención los capítulos que siguen, pues contienen muchos principios curativos absolutamente notables.

ANEXO

Debemos precisar desde el primer momento que el estudio de la curación mística no comprende una clasificación exhaustiva de todas las enfermedades diagnosticadas por la medicina hasta el día de hoy. También limitaremos al máximo las referencias a datos fisiológicos complejos que sólo son comprensibles para aquellos que ejercen una profesión médica o paramédica. Nos contentaremos con ir a lo esencial y a poner de relieve las principales leyes que debe dominar en el plano físico y psíquico para mantenerse con buena salud y para poder curarse cuando sufra algún trastorno que pueda ser aliviado por medio de la terapéutica rosacruz. Voluntariamente vamos a simplificar nuestras explicaciones. Nuestra principal preocupación es dar un carácter práctico a nuestras enseñanzas. Ahora bien, es evidente que la enfermedad no se cura por medio de discursos teóricos o hablando de sus efectos, sino por la aplicación de métodos curativos, que para que sean eficaces, deben haber sido perfectamente comprendidos y asimilados, sobre todo cuando se trata de los tratamientos utilizados por los ocultistas.


CAPÍTULO II

Antes de pasar al estudio sistemático de las enseñanzas terapéuticas, aún nos quedan por examinar ciertos puntos importantes referidos a la manera en que los Rosacruces abordan el problema de las enfermedades. En efecto, es imposible considerar seriamente el problema de la salud sin estudiar previamente la naturaleza humana. Es fácil comprobar que los materialistas no tienen el mismo concepto de la medicina que los espiritualistas, esto se debe a que su manera de considerar al hombre, es totalmente diferente.

EL HOMBRE Y SU EVOLUCIÓN

Desde el punto de vista científico, debemos recordar que el hombre, independientemente de las doctrinas religiosas o filosóficas, es el resultado de cierto proceso de evolución. Eso no quiere decir necesariamente que haya evolucionado a partir de una especie animal concreta, o si lo prefiere, que sea el resultado de la evolución de una especie inferior. En otros libros ya le hemos explicado que existen varias teorías sobre la aparición de la especie humana. Sin entrar en polémica sobre estas teorías, debemos admitir sin embargo que el hombre, primitivo era una criatura muy diferente del hombre moderno y que no hay razón alguna que nos impulse a creer que nuestro estado actual es el punto culminante que puede alcanzar el género humano.
De acuerdo con una necesidad cósmica, estamos siempre en vías de desarrollo físico y de evolución anímica. Por esta causa, los hábitos que adquirimos en la vida y las reglas de pensamiento que adoptarnos, hacen de nosotros lo que somos y lo que llegaremos a ser. Son muchos los factores que intervienen en este desarrollo y evolución. En primer lugar, el hombre ha estado siempre influenciado por su entorno, aunque también es cierto que cada vez ejerce influencia sobre él. En segundo lugar, el poder del pensamiento tiene un efecto constante en su porvenir, puesto que posee facultades que le diferencian notablemente de los animales inferiores, ante todo, la que le permite ser consciente de si mismo. En realidad, es su capacidad de pensar y de razonar la que le ha permitido dominar cada vez mejor su entorno y donde reside el origen de la transformación que se ha producido en su cuerpo y en su alma.
El entorno en el que vivía el hombre primitivo no deja ninguna duda sobre el hecho de que las primeras etapas de su existencia debieron ser muy difíciles en el plano físico, puesto que su cuerpo debía enfrentarse cada día con las dificultades del medio ambiente en el que se encontraba, para de esta manera, pasar por las experiencias que necesitaba para la evolución de su Ser externo. Por pura necesidad, la morfología general del hombre se ha estado transformando constantemente en el curso de los siglos. La primera gran revolución que marcó a su cuerpo físico y, por consiguiente, a su psicología, fue el paso definitivo a la posición "de hombre erecto" debido a los profundos cambios experimentados por su esqueleto. Otra transformación revolucionaria en la evolución corporal del hombre fue su capacidad para oponer el pulgar de cada mano al resto de los dedos, lo que iba a permitirle adquirir gran precisión para agarrar las cosas y también en su manera de utilizarlas. Podríamos citar cientos de ejemplos que demuestran la transformación física del hombre hasta llegar finalmente a lo que es hoy. Consultando una enciclopedia, podrá comprobar hasta qué punto la naturaleza tiende siempre a establecer una estrecha armonía entre los seres vivos y el entorno en el que evolucionan. Dicho de otro modo, el soporte físico utilizado por la vida para manifestarse en una criatura, está siempre en perfecta consonancia con el grado de consciencia que esta criatura es capaz de aplicar para dominar su entorno.
No estudiaremos detalladamente la evolución física del hombre, ya que este tipo de estudio no presenta mayor interés en el marco de este libro. Nuestro fin, a través de estas pocas líneas, es tan sólo demostrarle que el hombre, tal como decía Empédocles, originariamente no era una criatura con ese cuerpo, sino que es el fruto de una larga evolución. En realidad, y tal como hemos sugerido anteriormente, todo ser vivo evoluciona en su aspecto físico para convertirse en un perfeccionado soporte al servicio de la forma de consciencia que se encarna en él. Por lo que al hombre se refiere, está claro que su estructura exterior es de naturaleza material y que cambia constantemente debido a su metabolismo y a su adaptación al entorno. Pero en su interior, integrando su cuerpo físico, reside un cuerpo psíquico invisible y etéreo. Este cuerpo psíquico, que muchos científicos niegan porque no lo han podido definir, es una emanación del cuerpo espiritual, es decir, del alma. Es, por tanto, tan real y esencial para la existencia como lo es la envoltura carnal. Es importante comprender que el ser humano es dual desde todos los puntos de vista, pues sólo podemos mejorar nuestra existencia, mantenernos con buena salud y encontrar la felicidad siendo conscientes de esta dualidad. A lo largo de este libro, le demostraremos que el desequilibrio del cuerpo psíquico es una causa tan importante de sufrimiento como las agresiones externas a las que está expuesto el cuerpo físico.
Para su trabajo de curación, los Rosacruces siempre han tenido en cuenta tanto las leyes terrenales como las leyes cósmicas, pues sabían perfectamente, que la salud sólo puede mantenerse respetando las necesidades fisiológicas y psíquicas del ser. En la célebre máxima "mente sana en cuerpo sano" queda perfectamente reflejada la importancia del vínculo que existe entre la individualidad física del hombre y su entidad espiritual. Desgraciadamente, la mayoría de las veces nos limitamos a citar esta máxima en lugar de a aplicarla como se debiera. Ahora bien, aunque es cierto que todos necesitamos una alimentación adecuada, agua pura, aire y sol, también es indispensable para nosotros cultivar pensamientos y emociones positivas. Se olvida y descuida con demasiada frecuencia la influencia que ejercen en el cuerpo el estado mental y el estado emocional. Y sin embargo, es precisamente en el aspecto negativo de esta influencia donde tienen su verdadero origen la mayor parte de las enfermedades.

LA MEDICINA ACTUAL

En la mayor parte de diccionarios, se define la palabra "salud" como "un estado completo de bienestar fisiológico, psicológico y social". Esta definición es exacta, pero incompleta, puesto que en ella no se tiene en cuenta la dimensión espiritual del hombre. Ahora bien, tal como acabamos de recordar, el cuerpo físico es el soporte utilizado por el alma para evolucionar en contacto con el inundo terrenal. Si las relaciones que unen estos dos aspectos del ser no son armoniosas, es imposible disfrutar de una perfecta salud pues nos estamos oponiendo al flujo de nuestra propia Fuerza Vital. De lo que se deduce que las enfermedades no siempre tienen su origen en la acción de los microbios, virus, y todavía menos, en la influencia de los "malos espíritus". Con mucha frecuencia no son sólo el resultado de las violaciones individuales o colectivas cometidas en relación con las leyes naturales, sino también el resultado de nuestra incapacidad para mantenernos en armonía con las leyes cósmicas que actúan en nosotros y en nuestro entorno. De lo que se deduce, que en gran medida, el ser humano es el principal artífice de su salud.
La medicina tradicional tiene demasiada tendencia a considerar al hombre como un ser cuya vida sólo es debida a ciertos procesos físico-químicos que actúan y reaccionan en su organismo. Por esta causa, suele dirigir su atención casi exclusivamente al mantenimiento de la salud fisiológica, considerando que en caso de enfermedad, es únicamente al cuerpo físico a quien hay que tratar. Esta visión de las cosas es un simple reflejo de la filosofía materialista. Sin embargo, podemos afirmar que todo método terapéutico que no tenga en cuenta la dimensión espiritual del hombre está condenado al fracaso.
Paralelamente a esta falta de espiritualidad, por desgracia, debemos reconocer que el juramento de Hipócrates no siempre es respetado en ciertos círculos médicos y que ya no constituye realmente el código de vida filosófico y ético que debería condicionar a la medicina. Por otra parte, si se la juzga por el interés creciente que nuestros contemporáneos dan a las terapéuticas menos convencionales, tales como la homeopatía, la acupuntura, la musicoterapia y muchas otras, esto hace suponer que la aplicación de la medicina tradicional ya no satisface a todo el mundo, y que los hombres buscan la curación en otras prácticas que tienen más en cuenta su propia dualidad.
Una vez dicho esto, sólo nos queda añadir que estamos convencidos de que llegará el día en que "la medicina esotérica" será reconocida oficialmente para el mayor bien de la humanidad, pues al ser de origen divino y no humano, ofrecerá al mundo mayores esperanzas en materia de curación. Al contrario de lo que podríamos denominar “medicina exotérica”, busca ante todo curar la causa de toda enfermedad no sólo a nivel del cuerpo físico, sino igualmente y quizás sobre todo, a nivel del cuerpo psíquico. El principal propósito de estos estudios es precisamente familiarizarle de forma progresiva con las funciones más importantes del cuerpo físico y enseñarle la manera de actuar psíquicamente sobre ellas para que pueda gozar de la más perfecta armonía. En los próximos capítulos, estudiaremos estas funciones y le explicaremos las reglas fundamentales que debe respetar para no perturbar su actividad.


ANEXO

Toda enfermedad es el efecto de una causa. A menudo la medicina tradicional comete el error de centrarse únicamente en los cuidados que hay que aportar al órgano o a la parte del cuerpo físico donde parece que se origina el sufrimiento. Sin embargo, la experiencia prueba que con mucha frecuencia la causa real de la enfermedad no está situada en el mismo lugar del dolor. Lo que significa que todo tratamiento que se limite a curar un estado patológico sin que haber localizado previamente su origen, puede resultar inútil. Cuando la enfermedad se debe a una causa determinada, es necesario hacer que ésta cese inmediatamente ayudando a la naturaleza para que pueda restablecer la armonía en el órgano o en la parte enferma del cuerpo. Entonces es el momento de recurrir a un método terapéutico que se deja a la libre elección de cada persona.
Es cierto que no conocemos ni dominamos todas las causas de las enfermedades y de los males que nos aquejan. En cambio, todos disponemos de un medio muy eficaz para crear en el cuerpo las condiciones más favorables para el mantenimiento de una buena salud. Se trata, naturalmente, del poder curativo del pensamiento. Como ya hemos en libros anteriores, los pensamientos que mantenernos tienen muchísima influencia en nuestro bienestar físico. Por esta razón, le recomendamos de nuevo que preste la mayor atención a su actitud mental. Ningún tratamiento, ninguna terapéutica, puede obtener la curación definitiva de una enfermedad cuya causa radique en una mala higiene mental, es decir, en una manera de pensar errónea.

CAPÍTULO III

Por regla general, se comienza el estudio del hombre empezando por el esqueleto. Por lo que antes de empezar a considerar las principales funciones del organismo y de enseñarle los principios básicos de la terapéutica rosacruz, vamos a dedicar este capítulo a las nociones esenciales que debe conocer en relación con los huesos que componen el cuerpo.

EL ESQUELETO

En la mayoría de los tratados de medicina se define el esqueleto como el "armazón óseo" del cuerpo humano. Esta expresión designa perfectamente su papel, ya que su primera utilidad es sostener y servir de soporte a los músculos, órganos y tejidos que forman el conjunto del organismo. Sin él, no seríamos más que una masa de carne incapaz de mantenerse de pie. En consecuencia, no podríamos vivir. Vamos a poner algunos ejemplos, las costillas y el esternón forman una caja ósea alrededor del corazón y de los pulmones. En cuanto al cráneo, contiene el cerebro y asegura su protección. También es preciso recordar que es la médula de los huesos quien fabrica gran parte de las células sanguíneas y que son ellas quienes contienen ciertas sustancias químicas, como las sales de calcio, que son enviadas a la corriente sanguínea cuando son necesarias.
El esqueleto está formado por tres tipos de huesos, cada uno de los cuales tiene asignada una función diferente. En primer lugar, están los huesos largos que constituyen los miembros. Todos están atravesados por un canal que contiene la médula y desempeñan un papel esencial en el desarrollo de los movimientos. En segundo lugar, tenemos los huesos cortos que forman parte de las manos y de los pies. Están unidos a los ligamentos y a pequeños músculos, lo que permite que se puedan efectuar ciertos gestos. El tercer tipo lo componen los huesos planos que forman las costillas, el esternón, los omoplatos, la cadera y el cráneo. Su característica principal es su resistencia a los choques, bien por su flexibilidad y elasticidad, como las costillas, bien a causa de su solidez, como el cráneo. Los omoplatos y la cadera, tienen la particularidad de ofrecer una gran superficie de inserción a los músculos que mantienen los miembros unidos al tronco.
Todos los huesos están formados por dos tercios de sustancias minerales (sales de calcio y fosfatos) y un tercio de sustancia proteica (oseína y elastina). Las primeras les dan dureza y solidez. Las segundas, les proporcionan elasticidad. Además, todos están compuestos de dos tipos de tejidos: el compacto y el esponjoso. Si un hueso debe ser más resistente que elástico, en él se encuentra mayor cantidad del primer tipo de tejido. Añadamos que todos están rodeados por una especie de envoltura que recibe el nombre de "periostio". Es de destacar que la parte interna de esta envoltura interviene en el crecimiento del grosor del hueso, mientras que su crecimiento, en cuanto a la largura, está asegurado por el cartílago de la conjunción. Finalmente, para concluir esta presentación sumaria del esqueleto, debe saber que los científicos han definido que entran en su constitución más de 260 huesos. Si desea profundizar en este estudio, le sugerimos que consulte una enciclopedia o cualquier obra de referencia.
Como todo el mundo sabe, la columna vertebral constituye el eje principal del esqueleto. Además de cumplir su misión como sostén general del cuerpo, posee una gran flexibilidad, lo que permite que el tronco y el cuello puedan realizar gran variedad de movimientos. Está formada por 33 vértebras, número muy simbólico, repartidas en cinco secciones. Partiendo de la base del cráneo, hay 7 vértebras cervicales situadas en la región del cuello, 12 vértebras dorsales en las que se articulan los 12 pares de costillas, 5 vértebras lumbares situadas al nivel de los riñones, 5 vértebras sacras soldadas en un hueso único, el sacro, que sirven (te base para la articulación de los miembros inferiores, 4 vértebras coxígenas, que también están soldadas en un hueso único, el coxis, al que algunos científicos consideran como un atrofiamiento de la cola. Si le resulta posible, intente retener el nombre de estas cinco secciones y el número de vértebras que las componen, ya que se corresponden con una serie de ganglios que juegan un papel esencial en la terapéutica rosacruz. Cuando llegue el momento, examinaremos estos ganglios y le indicaremos su emplazamiento exacto.
Articulación es la zona que sirve de encuentro entre dos huesos, y dependiendo de los casos, puede ser móvil o inmóvil. Las suturas que sirven de unión a los huesos del cráneo (hueso frontal, parietal, occipital y temporal) son un ejemplo de articulaciones inmóviles. Igualmente, las que unen los siete primeros pares de costillas al esternón, pertenecen también a esta categoría. En cuanto a las articulaciones móviles, tal como su nombre indica, tienen como misión permitir la movilidad de ciertos huesos. La rodilla y el codo son un ejemplo perfecto de este género de articulaciones. Los huesos que entran en contacto, que son el fémur y la tibia en el primer caso, y el húmero y el cúbito, en el segundo, están separados por la membrana sinovial que segrega un líquido viscoso que hace de lubricante: la sinovia. Es de destacar que la articulación de la rodilla, que es relativamente frágil, está protegida por la rótula, que también sirve de punto de unión al tendón del músculo del muslo.
Al principio de este capítulo le hemos indicado que una de las misiones del esqueleto es sostener y soportar los músculos del cuerpo. Es conveniente que sepa que existen unos 650 músculos en el organismo repartidos en dos grandes categorías: los músculos del esqueleto, llamados también "músculos estriados", y los músculos de las vísceras, que también se reciben el nombre de "músculos lisos" . A la primera categoría pertenecen todos los músculos que se utilizan para realizar movimientos, entre ellos, los más importantes son los de los miembros inferiores y superiores (bíceps, tríceps y cuadriceps). Todos ellos obedecen a la voluntad. Dicho de otra forma, permiten realizar
actos voluntarios. En la segunda categoría de músculos encontramos los que constituyen los órganos internos del cuerpo, es decir las vísceras, tales como los pulmones, el hígado, el bazo, los riñones, el estómago, el intestino, etc..
Contrariamente a lo que sucede con los músculos estriados, su actividad es involuntaria y no están bajo el control de la consciencia objetiva. Único en su género, el corazón es un músculo que pertenece a ambas categorías, puesto que es estriado como los músculos voluntarios, pero sus fibras están dispuestas de la misma manera que las de los músculos involuntarios.

LAS ENFERMEDADES OSEAS

Al igual que el resto de las funciones y de los órganos del cuerpo, el esqueleto, o para ser más exactos, los huesos que lo constituyen, están sujetos a lesiones y a enfermedades. Entre las lesiones, están las fracturas, que la mayoría de las veces están causadas por una caída o por un choque violento que provoca la ruptura de un hueso y hace que éste deba ser reparado recurriendo a la cirugía. Para su curación se necesita que el miembro permanezca inmovilizado durante un tiempo más o menos largo. No todas las lesiones son óseas, algunas, tales como los esguinces, torceduras o luxaciones, se producen en las articulaciones. En los dos primeros casos, los ligamentos que unen los huesos quedan parcialmente desgarrados. En el tercer caso, no es un desgarro de los ligamentos lo que tiene lugar, sino una dislocación de los huesos. A estos dos tipos de lesiones hay que añadirla hidratación de sinovia debida a una presencia excesiva de líquido sinovial en las articulaciones, generalmente en la rodilla. En este caso, también es necesario consultar a un médico.
Entre las enfermedades óseas se encuentran la artritis y la artrosis (inflamaciones agudas o crónicas), la osteítis (infección de los huesos y de la médula ósea), la osteomalacia (descalcificación de los huesos debida a falta de calcio y de fósforo), el osteoma (inflamación de los huesos y de la médula ósea), la osteoporosis (atrofia anormal de los huesos). Algunas de estas enfermedades son de origen hereditario, mientras que otras pueden ser consecuencia de desarreglos hormonales. Pero hay muchas que tienen su origen en causas que la medicina no ha conseguido aún aclarar. Evidentemente, esta causa no es fisiológica, sino psíquica. En otros términos, proviene de un desequilibrio energético, que en algunos casos puede ser restablecido utilizando los métodos terapéuticos que le enseñaremos en este libro.
¿Qué se puede hacer para mantener el armazón óseo en buen estado?. En primer lugar es necesario ingerir una alimentación que proporcione las proteínas, las vitaminas y las sales minerales indispensables para su constitución. Tendremos ocasión de volver sobre este punto en el próximo capítulo, ya que en ella estudiaremos la digestión y examinaremos la importancia de la nutrición. En segundo lugar, es preciso evitar las posiciones incorrectas, pues a la larga, son la causa de las desviaciones de la columna vertebral (cifosis, lordosis o escolíosis). Esto se aplica también a las posturas que adoptamos al estar sentados, de pie o acostados. En tercer lugar, es conveniente hacer
regularmente algún ejercicio para mantener la flexibilidad de las articulaciones. Lo ideal sería dedicarse a actividades físicas que procuren al mismo tiempo cierta relajación al cuerpo, lo que no es el caso de los deportes, puesto que la mayoría requieren una excesiva tensión nerviosa, muscular y sanguínea, y esto va en contra de los objetivos buscados. Son muchas las razones que hacen que el andar, cuando se practica con el fin de relajarse y siempre que se procure caminar bien derecho, es una excelente práctica para cuidar el conjunto del esqueleto, produciendo al mismo tiempo una regeneración física y mental.
Tal como le liemos indicado en el párrafo anterior, el próximo capítulo estará dedicado al estudio de la digestión, ya que ésta es una de las funciones esenciales del cuerpo. En él veremos que gracias a una buena higiene alimentaria se puede contribuir eficazmente a la preservación de gran número de enfermedades.


CAPÍTULO IV

El hombre es un ser doble y que no se puede tratar seriamente el problema de la salud sin tener en cuenta esta dualidad. Es importante que comprenda que el bienestar de las personas está ligado tanto al funcionamiento tic su cuerpo psíquico como al de su cuerpo físico, siendo también necesario que ambos cuerpos complementarios realicen sus actividades en perfecta armonía.
Antes de enseñarle los métodos rosacruces que, en caso de enfermedad, permiten actuar sobre el cuerpo psíquico, es necesario que se familiarice con el cuerpo físico del hombre, para que comprenda claramente lo que conviene hacer, o no hacer, para que éste actúe con la mayor eficacia. Desde el punto de vista puramente biológico el hombre se mantiene con vida gracias a ciertas funciones vitales. Entre las más importantes, están la digestión, la respiración, la circulación de la sangre y de la linfa y la acción nerviosa. Cada una de estas funciones depende de un aparato o de un sistema específico, tales como el aparato digestivo, el aparato respiratorio, el sistema circulatorio de la sangre, el sistema circulatorio de la linfa y el sistema nervioso. Dedicaremos los próximos capítulos a un examen de estos aparatos y sistemas, ya que
no podemos abordar la curación mística sin detenernos brevemente en la fisiología general. Hoy comenzaremos con el estudio de la digestión.
LA DIGESTIÓN
Todo el mundo sabe que la digestión es la función que sirve para digerir la alimentación y aportar al cuerpo los alimentos que necesita. Pero, ¿qué es la alimentación? Sin entrar en detalles, podemos decir que es el conjunto de sustancias nutritivas necesarias para la vitalidad puramente física del hombre. Estas sustancias nutritivas se componen de prótidos, glúcidos, lípidos, y también de vitaminas y sales minerales. Para que puedan ser asimilados por el organismo, deben ser descompuestos en elementos químicos más simples y es el aparato digestivo quien hace posible esta descomposición. Sin embargo, estos elementos químicos no bastan para mantener al cuerpo físico en actividad, también es necesario
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