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Los 10 errores más comunes

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Los 10 errores más comunes

Mensaje por AREDHEL el Dom Mar 28, 2010 5:42 pm

Cuando comenzamos a transitar el camino espiritual, buscamos la
perfección en nuestras vidas. Tratamos de mejorar nuestro carácter,
costumbres, ideas, alimentación, y hasta la vida social.
A veces,
hacemos sacrificios con el fin de alcanzar una vida más plena y feliz;
sin embargo, muchas veces no llegamos al estado de éxtasis o plenitud
que anhelamos.
La decepción puede llevarnos a rechazar la disciplina
que habíamos emprendido, o en el peor de los casos, puede
desmoralizarnos a tal punto de pensar que “Dios se ha olvidado de
nosotros”. Cualquiera sea la reacción, ésta sólo nos está señalando que
hemos cometido un error. Y un error puede ser corregido.
El Universo
funciona como una gran computadora: hay que saber presionar las teclas
adecuadas para obtener lo que se desea. Cuando no lo estamos haciendo,
la computadora se detiene, espera fría y silenciosamente la señal
eléctrica correcta. El Universo tiene sus “teclas” y la metafísica nos
enseña.
¿Cuáles son? Algunas escuelas esotéricas han tergiversado
estas enseñanzas, quizá sin ninguna mala intención, con lo que han
llevado a muchas personas a cometer errores y a frustrarse en sus
expectativas.
Algunos de los errores más comunes son los siguientes:

1.
ENVOLVERSE EN UNA BURBUJA DE PROTECCIÓN, O EN UNA LUZ, O EN COLOR, O EN
ÁNGELES, O EN CUALQUIER OTRA FORMA QUE PROTEJA DE LOS PELIGROS QUE
EXISTEN AFUERA
Lo único que logra este tipo de ejercicio es fomentar
la idea de que algo externo puede tener más poder que nosotros. Nuestra
mente percibe que hay algo allí afuera que puede, por ejemplo,
lastimarnos o hacernos daño. Pero, según las enseñanzas espirituales,
TODO ES DIOS; por lo tanto, nada puede hacernos daño. En realidad,
debería practicarse algún tipo de ejercicio de reconocimiento de la
seguridad personal. Este ejercicio podría decir: “Vaya donde vaya, estoy
siempre a salvo, estoy rodeado de hermanos, vivo en el mundo que Dios
ha creado y sólo veo amor en todas partes”. En síntesis, al elegir qué
ejercicio mental o meditación hacer, se deberá buscar aquel que nos
recuerde la naturaleza divina de la vida y no el peligro que percibe
nuestro ego.
Muchas personas creen que repitiendo ciertas
afirmaciones pueden transformar su situación personal, lo que encierra
un error. No son los pensamientos lo que determinan nuestra realidad
sino nuestras “creencias”. Solamente los pensamientos que hemos
interiorizados y tomado como nuestra verdad son los que se manifiestan.
Dicho
de otra manera, aquello que “sentimos” internamente que es así es lo
que toma forma en el mundo externo.
La mente humana produce un
promedio de 60,000 pensamientos diarios, la mayoría de los cuales son
negativos. Las afirmaciones son necesarias para lograr implantar una
creencia nueva en nuestra mente subconsciente y la repetición de estas
afirmaciones es un procedimiento adecuado, pero hasta que no le
agregamos la emoción o sensación que acompaña a esa idea, no la
interiorizamos como una verdad dentro de nosotros.
La repetición de
palabras carentes de emoción no es efectiva. Por lo tanto, si yo repito
“Vaya donde vaya, estoy siempre a salvo” pero no me siento realmente
seguro, de nada me servirá. Es necesario seleccionar ejercicios
mentales, meditaciones o visualizaciones que fomenten las creencias de:
paz, armonía y prosperidad.

2. ENVIAR LUZ A OTROS PARA QUE
MEJOREN
Se puede enviar luz o energía a otras personas para que se
curen de cierta enfermedad, para que mejoren su situación económica, su
vida afectiva, y demás.
La mayoría de estos ejercicios se parecen más
a una forma de manipulación que a una verdadera ayuda espiritual.
Primero y principal: si se va a ayudar a otro, hay que asegurarse de que
la persona lo pida y lo necesite. Si esto no se da, tenemos que
trabajar con lo que estamos percibiendo, porque “el problema” es algo
personal que nos atañe a nosotros mismos y no a la persona que está
sufriendo.
La mayoría de los problemas son sólo momentos de prueba
que está viviendo un individuo; son necesarios y muy útiles para el
“despertar de su conciencia”. Nunca sabemos en realidad desde afuera
cuán importante puede ser para cada persona la situación que está
atravesando en determinado momento. Podemos percibir esa situación como
algo terrible, doloroso, injusto o innecesario, pero cualquiera sea
nuestra interpretació n nunca será correcta ni completa.
El enviar la
luz a la persona podría acelerar o entorpecer su ritmo personal.
Nuestra intervención es innecesaria y, la mayoría de las veces, no es
más que un deseo egoísta de que la persona resuelva rápido su problema
porque éste nos despierta angustia o dolor. Personalmente, recuerdo que
una vez se acercó un amigo íntimo a decirme que estaba muy preocupado
por mi situación. Yo le respondí que su preocupación no me ayudaba, que
si realmente quería hacer algo bueno por mí, tenía que confiar en mí y
saber que mi Guía Interior me revelaría en el momento adecuado lo que yo
necesitaba hacer.
En lugar de enviar luz a otros cada vez que veas
una situación difícil, comienza por enviarte luz a ti mismo para que tu
Guía Interior te haga ver la Verdad que está operando en dicha
situación.

3. CREER QUE VAMOS HACIA DIOS, QUE EVOLUCIONAMOS
ESPIRITUALMENTE
No vamos hacia Dios, YA ESTAMOS EN DIOS. Todo lo que
nos rodea forma parte del gran cuerpo universal de Dios. No
evolucionamos espiritualmente. Nuestro Espíritu es Perfecto y Completo;
no puede ni tiene que evolucionar.
En realidad, es un problema
semántico, ya que la evolución espiritual no existe. Lo que queremos
significar con eso es el despertar de nuestra Conciencia a esa
perfección y cuanto más rápido lo hacemos, más plenos y felices vivimos.
Tal
vez el error provenga de las enseñanzas religiosas que nos dicen que
Dios está “en el cielo”, como si nosotros estuviéramos separados de Él.
Nosotros y el “cielo” somos UNO, y debemos aprender a reconocerlo y a
vivenciarlo; en eso consiste nuestra Evolución de Conciencia o Despertar
Espiritual.

4. ANGUSTIARSE O PREOCUPARSE CUANDO HAY UN FAMILIAR
ENFERMO O ATRAVESANDO ALGÚN TIPO DE CRISIS
En nuestra cultura está
bien visto que uno se aflija o sufra a la par de sus seres queridos; sin
embargo, eso sólo aumenta el pesar. Si interpretamos nuestro pesar
desde otro nivel, esto significa que creemos más en el poder de la
enfermedad o la crisis que en la solución.
Cuando te afliges por la
enfermedad de un ser querido, agravas esa enfermedad, le das más fuerza y
poder. La solución es hacer un esfuerzo personal y reconocer que, más
allá de nuestro entendimiento, hay una Inteligencia Superior que está
actuando y que tiene el poder de restaurar completamente a nuestro ser
querido, si así lo desea dicha persona.
Lo mismo ocurre con cualquier
tipo de problema o crisis. Si nos afligimos, es porque nuestro ego ha
aceptado que hay una fuerza más potente que el Poder Divino.

5.
CREER QUE UNO HA SIDO “ELEGIDO” POR DIOS
Muchas personas que estudian
en escuelas esotéricas se sienten especiales y evolucionadas. Sienten
que Dios los ha conducido al lugar adecuado para su crecimiento y
evolución; que la información que va a recibir es muy importante y no
puede divulgarse a personas que no están tan evolucionadas, porque no
tienen la capacidad para entenderla o para darle un buen uso.
Esta
presunción se convierte en una forma de arrogancia, nada espiritual, que
nos hace pensar que somos privilegiados, especiales, elegidos, y que
los demás están descarriados o perdidos en la vida.
Esta forma de
arrogancia también se ve en las religiones que se sienten propietarias
de Dios. Si uno no sigue su culto, está perdido. En el Universo existe
un solo Dios y es el mismo para Todos. Los humanos inventan diferentes
maneras de rendirle culto, crean dogmas y doctrinas, pero, en esencia,
todos adoramos al mismo Dios.
Todos somos iguales ante los ojos de
Dios. Para Él, nadie está más adelante ni más atrás. Nadie vale más ni
menos. Cualquier interpretació n y clasificación como ser especial
corresponde al terreno del ego humano y no al terreno de lo divino.

6.
SACRIFICARSE POR OTROS
No hay nada más inútil e insatisfactorio que
sacrificarse por los demás. Las tareas que se hagan por los demás
deberán hacerse con amor o, de lo contrario, evitarse. Todo lo que se
hace con amor es placentero; por lo tanto, no pesa ni molesta. Por el
contrario, todo lo que se hace con sacrificio genera presión interna,
rencor, enojo, molestia y, a veces, hasta odio.
El sacrificio por los
demás está aprobado socialmente y es muy bien visto. Uno puede
sacrificarse, por ejemplo, por los hijos, por los padres, por la pareja,
por la profesión, por los niños desamparados, por alguien enfermo, por
la institución religiosa a la que pertenece, por la empresa que da
trabajo. La lista podría ser interminable y no es más que un muestrario
de la acción equivocada de nuestro ego.
El sacrificio va muy de la
mano con la manipulación. Por ejemplo, una madre que ha dejado su vida
de lado por los hijos, tarde o temprano, usará su postura como válida
para exigir algo de ellos; el novio o novia que cambia su rutina y deja
de hacer ciertas actividades por el otro tratará después de exigir lo
mismo.
La próxima vez que vayas a sacrificarte por alguien,
pregúntate primero si ese alguien te lo pidió. La actitud de mártir no
lleva hacia Dios como muchos creen, sólo el camino del amor. Haz las
cosas con amor o no las hagas.

7. DEPENDER DE AMULETOS, ESTAMPAS
RELIGIOSAS, CRISTALES, VELAS, IMÁGENES, O CUALQUIER OTRO TIPO DE
ELEMENTO
Es cierto que los materiales tienen su propia energía y que
el contacto con ellos (en especial, con ciertos cristales cuarzos)
produce cambios en nuestra vibración personal y que pueden ayudarnos en
el proceso curativo. También es cierto que algunas figuras, imágenes y
colores producen reacciones psicológicas que nos estimulan; a veces para
bien, otras para mal.
Las estampas religiosas y otros objetos, tales
como cadenas con cruces, estrellas de David y demás nos recuerdan
nuestras posturas espirituales. El problema es que la mayoría de estos
elementos se convierten en amuletos y les damos más poder del que en
realidad tienen.
Hay personas que se sienten indefensas sin su cruz,
la estampita de su santo protector, su cristal preferido o cualquier
otro amuleto de su preferencia. El amuleto pasa a ser Dios. Vivir
pendiente de un objeto es limitar la Presencia Divina a ese objeto. Dios
es Omnipresente: está aquí, allá y en todas partes.
Lo peor sucede
cuando una persona extravía su amuleto o éste se le rompe. La mayoría de
las veces esto se interpreta como un presagio de que algo malo va a
suceder. Esta idea es producto de creer que la persona se encuentra sin
su protección y que, en consecuencia, las energías negativas pueden
afectarla.
Vivimos en un Universo Mental. “Todo lo que Creemos se
hace Realidad“. ¿Por qué no creer entonces que el mejor amuleto con el
que cuento es mi Naturaleza Divina? Nadie ni nada puede despojarnos de
lo que somos realmente.

8. CREER QUE UNO PUEDE GUIAR A OTROS O
QUE PUEDE SER GUIADO
Sentir que gracias a uno otras personas se
iluminan o, al revés, que la presencia de otros nos devuelve la luz es
pura ilusión del ego. La verdadera Guía es Interna, es tu Intuición, la
Voz de tu Espíritu. Muchas veces esa voz coincidirá con lo que escuchas
de afuera y pensarás que alguien te está guiando. Pero, apenas aceptes a
alguien como tu ídolo, comenzarás a fabricar tu propia decepción.
Ocurre lo mismo si alguien te ha entronizado y te ha tomado como líder;
en algún momento los problemas de tu vida personal lo decepcionarán.
Todos
aprendemos y enseñamos al mismo tiempo. Por tal motivo, es conveniente
mantener una actitud receptiva hacia las señales que recibimos de
nuestro entorno y ver qué resonancia producen en nuestro interior.
No
eres el salvador ni la guía de nadie. Ninguna vida depende de tus
conocimientos ni de tus esfuerzos. Esto es cierto también al revés.
Nadie te rescatará ni te salvará, excepto tú mismo.
El mejor Guía con
que contamos está dentro de Nosotros. Nos habla con voz suave y
paciente, sin obligarnos a nada; nos indica siempre el camino más corto y
más feliz, nos da la idea más adecuada y la respuesta que racionalmente
no podemos encontrar.
Por eso, es conveniente practicar meditación y
ejercicios de relajación para poder escuchar esa voz. Si vives de
prisa, tenso, angustiado y con un ritmo acelerado, seguramente no oirás
la “voz de tu intuición” y buscarás guías externas.
Hay personas que
son muy positivas y estimulantes, y podrán ayudarte en un principio.
Evita
idolatrarlas y evita también ser idolatrado. Recuerda siempre que la
“Guía más válida y acertada está siempre dentro de ti”.

9. CREER
QUE LOS MAESTROS ESPIRITUALES SON AQUELLOS QUE NOS PROVEEN DE LA
INFORMACIÓN TEÓRICA
Tendemos a caer muy fácilmente en la creencia de
que las personas que nos enseñan son adelantadas y que ya han superado
muchas pruebas en su vida. En algunos casos, esto es totalmente cierto;
en otros, no. El hecho de que una persona transmita una determinada
información no la coloca en un grado superior. Debes recordar que
cualquier forma de idealización o selectividad corresponde al terreno
del ego.
Los verdaderos maestros espirituales son aquellos que nos
ponen a prueba y vienen “disfrazados” de hijos, padres, jefes, amigos,
enemigos, animales, plantas y demás.
Son aquellos que nos traen
problemas. Ellos son los que realmente nos enseñan las lecciones que
tenemos que aprender porque nos ponen a prueba.
Todas las religiones
del mundo enseñan que Dios es Amor, que vivir con Dios significa
expresar Amor a los demás. Algunas personas asisten a templos, iglesias,
o escuelas esotéricas, donde reciben esta información, pero luego van a
sus casas y se pelean con sus familiares, critican a sus vecinos, odian
a sus jefes, a los políticos, a los animales, a individuos de otras
razas o culturas. Ellos todavía no han aprendido la lección y la vida
los llevará a enfrentarse una y otra vez con la misma situación o
persona… hasta que aprendan a mostrar amor.
Haciendo una comparación
con la enseñanza tradicional, los líderes espirituales o religiosos son
los “libros” que nos dan la información; las personas que nos traen
problemas son los maestros que “nos toman el examen” para ver si pasamos
la prueba o no.
Existe una Ley en el Universo: Todo lo que nos
molesta, complica, enreda, o todo lo que odiamos, se nos “pega”. Esto
ocurre hasta que aprendemos a amar la situación.
Entonces, ese
problema o esa persona se convierten en el maestro espiritual de ese
momento.

10. CREER QUE UNO NO PUEDE ENOJARSE, TEMER, O SENTIR
CUALQUIER OTRA EMOCIÓN NEGATIVA POR ESTAR EN EL CAMINO ESPIRITUAL
Esta
creencia nos lleva a una gran represión de la ira y de los enojos, que
hacen su reaparición más tarde bajo la forma de rencor, crítica o
rechazo.
Mientras estamos en el plano terrenal, vivimos las
sensaciones y las emociones de este plano.
Algunas de ellas son muy
placenteras, otras no.
El tener un conocimiento intelectual acerca de
la acción destructiva de ciertas emociones no las hace desaparecer. Uno
puede saber lo malo que es el enojo y, sin embargo, no puede evitar
enojarse.
En realidad, uno sí puede evitar enojarse, o asustarse o
angustiarse, pero eso exige un entrenamiento. Durante dicho
entrenamiento, hay momentos en que podemos dominar la rabia y la
ansiedad, y otros en los que nada puede calmarnos. Una vez que aparece
el enojo, lo mejor es descargarlo de la manera más positiva posible. Es
mucho peor reprimirse e intentar decir: “Todo está bien en mi mundo”,
cuando uno internamente está sintiendo el deseo primitivo de querer
atacar a alguien.
La mayoría de las personas que transitan el terreno
espiritual son muy exigentes consigo mismas y pretenden erradicar
completamente de sus vidas este tipo de reacciones. Esto no resulta
desacertado pero se logra a través de un proceso. Sé amable contigo
mismo y, de vez en cuando, date el permiso necesario para maldecir,
golpear un almohadón, gritar, llorar y expresar, como mejor te resulte,
todas las emociones negativas que te toca vivir.
La mayoría de los
errores aquí enunciados están generados por la actitud crítica de
nuestro propio ego. El ego no puede desaparecer porque necesitamos de él
para actuar en este plano. La “solución” es ponerlo alineado con
nuestro Espíritu.
Amablemente, le podemos decir al ego que: “A partir
de ahora, deberá seguir las indicaciones de un nuevo Maestro amoroso,
amable, paciente y permanente, que nunca juzga y que sabe que siempre
estamos haciendo lo mejor que podemos”. Si seguimos las indicaciones de
nuestro Maestro Interior, nunca podemos fallar.

(Autor
desconocido)

____________________________________________
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TODO LO QUE VIENE A TI, ES EL REGRESO DE TODO LO QUE HA SALIDO DE TI.
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