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JUAN DE DIOS

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JUAN DE DIOS

Mensaje por manoloalba el Mar Jul 28, 2009 3:49 pm

Lo escribi hace mucho y lo estoy rescatando del servidor pues lo van a cerrar.

JUAN DE DIOS



Juan de Dios (así era como llamábamos a nuestro compañero de armas, un muchacho de Valladolid llamado en realidad Jesús Álvarez) un mozalbete delgado de tez morena y ojos saltones destinado en la 7ª compañía, 8ª bandera, del tercio D. Juan de Austria III de la Legión. Todos los domingos a las 9,45 am y como un clavo se presentaba limpio como el agua clara de manantial ante el cabo de cuartel para que le pasase revista.

-¡A la orden de usted mi cabo, se presenta el legionario Jesus Alvarez para pasar revista!- Decía con una leve sonrisa en sus labios en la que se dejaba denotar claramente su indiferencia ante la jerarquía militar.

Ya faltaban solamente 40 minutos para que comenzase la misa que celebraba todos los domingos el capitán capellán de aquel tercio, y Juan de Dios como todas las festividades comenzaría a impacientarse, sus compañeros de armas empezaban a salir lentamente de la agrupación dándose los últimos retoques y de entre ellos salía José Antonio Cañete Duarte, éste estaba destinado en la patrulla de tiro pues era poseedor de una gran puntería, en los cinco años que llevaba alistado a la legión había sido cuatro veces subcampeón de España y una ganador del preciado trofeo, por lo que era muy bien considerado por nuestro capitán, pero esta recomendación de nada le servia los domingos para poder escaquearse (librarse) de la misa, a no ser claro está que se quedase limpiando en la compañía junto con el resto de los compañeros que no deseaban acudir a la santa misa. Lo cierto es que no era una obligación tal y como decían los mandos ¿pero a quien le gustaba hacer zafarrancho (Limpieza general) un domingo? Así que al final tan solo se quedaban en la compañía los que no habían tenido tiempo de lustrar sus hermosos trajes de paseo.

Cinco minutos para las diez AM y Juan de Dios con su Biblia en la mano me miraba impaciente esperando que diese la orden de avanzar hacia el patio de armas.

-Fiiirmess, arrr- dije con voz clara y fuerte haciendo que en la compañía retumbase el sonido de las manos al golpear contra los cientos de piernas que allí se encontraban.

-En marcha a paso de maniobra, arrr-

Todos iniciamos la marcha hacia el patio de armas para reunirnos con el resto de las compañías. Una vez llegados allí el capitán de cuartel estaba mandando pasar uno a uno a todos los legionarios hacia el interior de la sala donde se iba a celebrar la santa misa, así que ordené a Juan de Dios que saliese del resto de la agrupación y fuese a reunirse con el conjunto que cantaría en la ceremonia. Una vez acomodados hizo aparición el capellán vestido con una túnica verde decorada con hermosos ramilletes en hilo de oro.

Todo el acto transcurría con la normalidad acostumbrada, llegada la hora del sermón el capellán comenzó diciendo algo que mas tarde acabaría por dejar una gran huella en "mi interior".

-Queridos hermanos en Cristo nuestro señor, el amor es uno de los sellos de Jesús en la vida de sus elegidos. Dios es amor, y el poder de Dios fluye a través del amor. Es un mandamiento amar a nuestro prójimo, y el verdadero significado del amor, es que es un Arma poderosa, un canal por medio del Cual Dios puede tocar a las personas, y transformarlos. Necesitamos practicar el amor día a día. Necesitamos ser un reflejo de el amor de Jesucristo por los pecadores, y del amor de Dios por el mundo. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en el cree no se pierda, mas tenga vida eterna". Todos somos hijos salidos de un mismo padre celestial, todos somos a imagen y semejanza, todos somos iguales a los ojos del señor nuestro padre.







Terminada la ceremonia nos dirigimos hacia la compañía y después de romper filas cada uno fue abandonando el cuartel. Llegada la noche y después de que el corneta de guardia tocase silencio me dirigí hacia el fondo de la compañía para comprobar que todo estaba en orden, cuando había avanzado como unos 7 metros escuche un leve murmullo que salía de entre las camas del lado derecho de la compañía, me acerqué lenta y silenciosamente entre las taquillas para averiguar de donde procedía aquel susurro y escuche claramente la voz de Juan de Dios que decía.



-"Padre Celestial, en esta hora reconozco que he pecado y que el pecado me ha tenido apartado de ti. Creo que el Señor Jesucristo murió por mis pecados sobre la cruz del calvario, y resucitó para que yo sea justificado delante de Ti, yo le recibo, y confieso ahora que Jesús es mi Salvador personal".



Una vez visto quien era continué la ronda y por algún tiempo todo permanecía en silencio, de pronto y desde el centro de la compañía escuche una gran risotada que parecía proceder del salón, así que acudí presto hacia el lugar desde donde provenía aquella carcajada y me encontré a nuestro amigo Cañete que estaba viendo las noticias en la televisión (que por cierto en aquel momento aquello de irrisorio no tenia nada, pues estaban dando unas noticias nefastas relacionadas con un terremoto en algún lugar de Sudamérica) éste después de dedicarme una sonrisa se pregunto en un tono de gran extrañeza.

-¿ Porque me harán gracia las cosas que yo me digo?

De todos era bien sabido la afición que aquel muchacho tenia a dedicar su tiempo a hablar consigo mismo en voz alta y a sorprendernos con sus preguntas. Así que enseguida le colocamos el cartel de esquizofrénico paranoico, pero en esos instantes yo me estaba preguntando ¿porque al pobre Cañete le habíamos etiquetado como esquizofrénico? ¿qué diferencia había entre uno y otro? Uno decía hablar con dios y el otro consigo mismo, uno esperaba una respuesta desde lo alto y al otro le hacían gracia las cosas que se decía, uno sentía la presencia de Dios y otro se sentía feliz contándose cosas a si mismo.

Sea como fuere, al menos Cañete (el esquizofrénico) sabia que era el mismo el que hablaba consigo mismo y que cualquier pregunta o respuesta (aunque fuese irrisoria) saldría del mismo lugar DE SI MISMO.
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manoloalba

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