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TODOS TENEMOS DEMASIADAS TEORÍAS

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TODOS TENEMOS DEMASIADAS TEORÍAS

Mensaje por francisco de sales el Lun Mar 17, 2014 8:39 am

TODOS TENEMOS DEMASIADAS TEORÍAS
(y poca práctica)
 
 
Pensar en hacer, no es hacer.
No hacer, tampoco es hacer.
 
Pensar en vivir, no es vivir.
Filosofar sobre la vida, no es vivir.
 
Hacer y vivir son ejercicios prácticos.
Por tanto, se tienen que practicar.
 
Lamentarse tampoco es hacer y tampoco es vivir.
 
Hacer sí es hacer y vivir sí es vivir.
 
 
Tengo la sensación de que nos abruma la teoría, que tenemos suficiente información sobre cosas que podríamos o deberíamos hacer pero no hacemos; que los buenos propósitos no encuentran la puerta de salida de sí mismos, o no saben encauzarse y por tanto se pierden; creo que, en muchas ocasiones, tratamos de engañarnos y nos proponemos –sin fe y sin esfuerzo- empezar mañana. Un mañana que cada día volverá a ser mañana.
 
Creo que se nos van la fuerza –y que la desaprovechamos- y el tiempo –¡QUE ES LA VIDA!- en tonterías, en nimiedades, en pasatiempos, en matarratos, en no vivir.
 
Observo en algunas personas que se conforman con saber, o que confunden “tener conocimiento de” con “hacerlo realidad”, y la vida sólo es vida cuando se realiza. Si no es así deja de llamarse Vida para denominarse simulacro.
 
Todos hemos leído libros que nos han explicado lo que es correcto y el modo de hacerlo; todos hemos asistido a charlas en las que nos explican con claridad lo que es conveniente, e incluso el modo de hacerlo: todos hemos leído una frase impactante, como si fuera el resumen de la propia historia o la substancia de la vida, rotunda, clarificadora, resumen de la esencia vital y la bandera que quisiéramos ondeara sobre nuestra cabeza, pero… ahí se quedan.
 
Lo inapropiado, que es demasiado común, es leer un libro, llegar a entenderlo intelectualmente, y suponer que por ese gesto ya uno se ha imbuido del espíritu del libro, ha sido poseído por los conocimientos o consejos que aparecen en él, y que ya está todo hecho.
 
“Sí, eso ya lo sé”, podemos decir. Sí, lo sabes. ¿Y qué?
 
El hecho de que uno sepa cocinar no le alimenta. Hay que coger los ingredientes, los instrumentos de cocinar, y ponerse a la tarea de hacerlo, y si no se hace así, uno se queda sin comer. Por muy buen cocinero que sea.
 
Un burro, aunque vaya cargado de libros sigue siendo un burro. Y nada más que un burro.
 
Un lector que haya devorado libros y más libros, o una persona que haya acudido a mil conferencias o conversaciones de elevado nivel esotérico, sólo obtendrá beneficio de ello en función de que lo aplique a su propia vida. La teoría, y esto conviene tenerlo muy pero que muy claro, si no se lleva a la práctica, si no se aplica a la vida y se incorpora a la persona, sólo sirve para que el ego se pavonee. Y no aporta nada.
 
A estas alturas todos hemos leído, hemos escuchado, o sabemos de cosas que nos serían útiles si se salieran del propósito, del pensamiento, y de la teoría; si dejaran de ser ajenas y las incorporásemos a la práctica diaria, o sea, si les sacáramos partido práctico.
 
Es más útil una sola cosa aplicada que cien ideas pululando por el vacío. Más vale pájaro en mano que ciento volando.
 
En cambio, nos quedamos casi siempre en “debería…”, “lo que tendría que hacer ya es…”, “a ver si empiezo de una vez ya con…”, “con eso es con lo que yo tendría que acabar…”
 
Cuando lo correcto sería aprehender una teoría, un concepto, un pensamiento con el que nos sintamos identificados, que lo concibamos en el corazón como algo propio, comprenderlo –integrarlo en la esencia que somos-, y llevarlo a la práctica.
 
El verbo aplazar lo usamos en exceso, así como el disparate de creer que con desear algo ya lo hemos convertido en realidad, o que con el hecho de pensar ya hemos dado un paso.
 
Engañarse con cualquiera de esas cosas, u otras similares, no es más que otro modo de perjudicarnos y estancarnos, al mismo tiempo que le decimos a nuestra conciencia, engañándola, que estamos en el camino de perfeccionamiento, y que damos unos pasos, que son pasos de estatua.
 
Lo provechoso es coger una cualquiera de esas teorías que tanto nos gustan, y con las cuales estamos de acuerdo, y llevarla a la práctica, con mucha atención y consciencia, hasta que llegue el momento en que se convierta en algo automático, algo que hagamos con naturalidad sin tener que estar ya pendiente de ello, del mismo modo que las cosas que sabemos que no nos gustan las rechazamos de un modo habitual que no requiere estar pendiente de ello para hacerlo.
 
Y cuando ya esté incorporada y forme parte de nosotros, cuando ya sea “yo” –o nosotros seamos ella-, coger la siguiente –bien la que creamos que nos va a resultar más fácil o bien la que más urgencia corra- y le dedicaremos la atención y dedicación que requiera.
 
No hay que olvidar que nosotros somos tanto los perjudicados por lo que no hagamos como los beneficiados por lo que sí hagamos. Y que nuestra vida es nuestra responsabilidad, y nadie va a hacer nada por nosotros en este sentido porque nadie puede hacerlo. Sólo uno mismo. Yo tengo que comer para mí, yo tengo que dormir por mí, yo tengo que aprender y comprender para mí.
 
Creemos que sabemos, pero sólo sabemos: eso quiere decir, simplemente, que hemos obtenido una información.
 
Lo que creemos que sabemos no sale de la teoría: se queda en una retahíla de palabras ensartadas en orden, o en la recitación desatenta de una frase que destila grandilocuencia –y que sería excelente en la práctica-, o en la nebulosa de un pensamiento que propone hacer pero no aporta el empuje para hacerlo.
 
De nada sirven las teorías de cómo vivir la propia vida, de cómo dejar de ser infeliz, de cómo ser Uno Mismo, de poner orden en la existencia, de deshacerse de miedos y frenos, de hacer lo que realmente se quiere hacer, de manejar los sentimientos y llevarse bien con las emociones… si luego no se utiliza.
 
Todos hemos leído tantos y tantos artículos sobre Desarrollo Personal, sobre lo esotérico -que siempre estuvo oculto para los mortales comunes-, sobre psicología, sobre experiencias ajenas de personas que sí tuvieron el valor de hacer lo que querían hacer, o sobre gentes ejemplares, que yo diría que estamos saturados de información y teoría.
 
Es como si deseáramos que existiera la palabra mágica que resolviera todo, o el medicamento cuyo efecto sea la solución de todos los conflictos de la vida. Preferimos seguir buscando a ver si encontramos una receta que nos diga que enterrando un hueso del cuello de un pavo en una tierra recién arada en una noche de luna negra a la dos de la madrugada recitando una poesía de Bécquer y encarados hacia el este mientras se mantiene un ojo abierto y otro entrecerrado se arreglará toda la vida, antes que ponerse a la sensata y necesaria tarea de descubrirse, conocerse, amarse, y emprender -despacio pero sin pausa- la hermosa tarea de realizarse para ser Uno Mismo.
 
La teoría –que son palabras- no resuelve, así como la palabra agua no quita la sed.
 
Vivir, experimentar –o beber- es lo que tiene utilidad.
 
Propongo un tiempo de reflexión, de paro en todo tipo de actividad intelectualoide, de digerir lo que se ha engullido hasta ahora, de asimilar los conocimientos ajenos para ver si se pueden integrar como propios, de empezar a hacer cualquiera de esas cosas que vamos aplazando, de no incorporar más teorías hasta que hayamos puesto en marcha las anteriores o nos hayamos deshecho de las inútiles.
 
Propongo dejar de vivir en el pensamiento que son las teorías y vivir en la vida que es la realidad.
 
 
Te dejo con tus reflexiones…
 
 
Francisco de Sales

francisco de sales

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